Swami Chidananda,
uno de los corazones más puros de la India


Mataji Indra Devi, lo consideraba como a un hombre santo. A pesar de haberlo encontrado en contadas ocasiones, ella siempre hablaba de él con muchísimo respeto.

Sridhar Rao, su verdadero nombre, nació en el sur de la India, el 24 de septiembre de 1916, segundo hijo entre cinco hermanos. Su padre fue Srinivasa, un rico propietario que poseía varias aldeas, tierras extensas y edificios en su tierra, mientras que su madre Sarojini era una madre india ideal, conocida por sus virtudes y santidad.

A la edad de ocho años conoció a Aantayya, un amigo de su abuelo que le contaba historias de las grandes epopeyas del Ramayana y del Mahabharata, lo que conmovió profundamente al jovencito haciéndole desear, de corazón, hacer Tapas (austeridades), convertirse en un Rishi (sabio), y tener una visión del Señor.

Su educación elemental comenzó en Mangalore. En 1932, ingresó en la escuela de Muthiah Chetty en Madras, donde se distinguió como estudiante brillante. Su personalidad alegre, conducta ejemplar y rasgos extraordinarios lo convirtieron en un jovencito muy querido por los profesores y los estudiantes del establecimiento al que concurría.

En junio de de 1936, desapareció de su hogar. Después de una búsqueda exhaustiva por parte de sus padres, fue encontrado en el aislado ashram de un sabio santo, algunas millas del sagrado Tirupati de la montaña. Él volvió a casa a raíz de la persuasión de los suyos. Esta separación temporal fue sólo una preparación para la partida final del mundo de comodidades, de la familia y de los amigos. Mientras tanto su corazón moró en los bosques silenciosos de los pensamientos espirituales.

Los siete años que siguieron a su vuelta de Tirupati estuvieron marcados por la reclusión, el servicio, el estudio intenso de la literatura espiritual, el dominio de sí mismo, el control de los sentidos, la simplicidad en alimento y vestido, el abandono de todas las comodidades y la práctica de las austeridades que aumentaron su energía espiritual interna.

Ese mismo año, lo admitieron en la universidad de Loyola, casa de altos estudios que solamente admiten estudiantes brillantes. En 1938, obtuvo un título en artes. El período que pasó en una universidad predominante cristiana fue muy significativo para él. Los ideales de Jesucristo, de los apóstoles y de los santos cristianos, se aunaron en su corazón a todo lo mejor y lo más noble de la cultura hindú. Para él, el estudio de la Biblia no era una mera rutina; era la palabra de Dios, tan viva y verdadera como las de los Vedas, del Upanishads y del Bhagavad-Gita. Su amplitud mental le permitió considerar a Jesús como Krishna, no a Jesús en vez de Krishna.

Él era tanto un adorador de Jesucristo como del señor Vishnu.

El servicio a los leprosos se convirtió en su ideal. Les construiría las chozas en los extensos terrenos de su hogar y se ocupaba personalmente de ellos. Rasgo temprano de caridad y solidaridad del joven Sridhar Rao.

La decisión final vino en 1943. cuando fue autorizado por el Swami Sivananda a formar parte de su ashram en Rishikesh, India, hogar de tantos yoguis y sabios.
El 10 de julio de 1949, fue iniciado en la orden santa de Sannyasa del Swami Sivanandaji Maharaji, como Swami Chidananda, cuyo significado es "quién posee el sentido y la dicha más altos".

En noviembre de 1959, emprendió un viaje extenso por América, con el objeto de difundir el mensaje de la “Sociedad de Vida Divina”. Volvió a la India en 1962.

En agosto de 1963 lo eligieron como presidente de la “Sociedad de Vida Divina”. A partir de esta elección, se esforzó por sostener en alto la bandera de la renuncia, del servicio dedicado, del amor y del idealismo espiritual. No sólo dentro de la organización de la extensa sociedad, sino también en los corazones de sus seguidores a través del mundo entero, siempre impacientes por recibir su consejo, su ayuda y su dirección.

“Las impurezas pueden removerse a través del servicio altruista, activo y con un propósito; uno se convierte en centro de socorro y servicio a los demás. Entonces, se puede beneficiar a todos aquellos que le rodean. Esto se llama KARMA YOGA, es decir, el completo destierro de todo egoísmo en nuestra naturaleza, actuando sin esperar reconocimiento ni ganancias personales”.