La Madre Teresa de Calcuta
Revolucionaria de la paz, el amor y la humildad


La Madre Teresa dijo en el que sería su último mensaje: "Los pobres no necesitan de nuestra simpatía o de nuestra piedad. Necesitan de nuestra compañía y de nuestro amor". Estas palabras, como todas las suyas, pintan con total claridad los principios que la guiaron a lo largo de su vida.

Había nacido en 1909, hija de padres artesanos, en una aldea de Albania; su nombre: Agnes Bojaxhui. Al poco tiempo, su familia decidió trasladarse a Yugoslavia, donde creció la niña.
Muy temprano, la pequeña Agnes, de apenas doce años, sintió el llamado de la vocación religiosa e ingresó al noviciado, en los montes Himalaya, cinco años después.

A partir de 1946 se la empezó a llamar Madre Teresa a raíz de su entrega absoluta al cuidado de los enfermos de lepra, que en la India son más de cuatro millones.En 1950 fundó la orden de las Misioneras de la Caridad, actualmente a cargo de la hermana Nirmala, con su característico hábito: un sari blanco con un mínimo toque de azul en sus bordes.
La terrible situación de quienes agonizaban en condiciones infrahumanas en las atestadas calles de Calcuta conmovió profundamente a la Madre Teresa y la llevó a inaugurar, hace ya más de veinticinco años, el Hogar de los Moribundos Abandonados, más conocido por la Casa del Corazón Puro, en el Kalighat, en una zona cercana al templo de la diosa Kali. Allí comenzó a brindar amor y contención, ayudando a "bien morir" a los "más pobres entre los pobres". Hoy en día, más de 1.500 voluntarios cooperan en unos 87 países con su obra.
Cuando en 1979 se le otorgó el Premio Nobel de la Paz, rápidamente destinó los 192.000 dólares y las 360.000 coronas recibidos a la compra de comida y ropa para los más necesitados, y ella se quedó con el dinero justo para renovar sus zapatos y su viejo hábito.
Esa vida extremadamente sacrificada dañó su salud y, a partir de 1983, comenzó a sufrir de problemas cardíacos, por lo que debió soportar tres intervenciones quirúrgicas. "Mi vida está en manos de Dios. La verdadera enfermedad es espiritual y no física", dijo cuando salió de su última operación.
Tiempo después, a los 87 años, un 5 de septiembre de 1997, esta gran mujer de 44 kilos de peso y de 1,55 metros de estatura dejó de existir, rodeada del cariño de sus hermanas, en su convento de Calcuta.
"La revolución del amor comienza por una sonrisa. Sonríe cinco veces al día a quien en realidad no quisieras sonreír. Debes hacerlo por la paz". Ese mismo amor por ella pregonado fue el que impulsó a casi un millón de personas a seguir el paso de su cortejo fúnebre por las calles de Calcuta.

¿El día más bello? Hoy.
¿La cosa más fácil? Equivocarse.
¿El obstáculo más grande? El miedo.
¿El error mayor? Abandonarse.
¿La raíz de todos los males? El egoísmo.
¿La distracción más bella? El trabajo.
¿La peor derrota? El desaliento.
¿Los mejores profesores? Los niños.
¿La primera necesidad? Comunicarse.
¿Lo que más hace feliz? Ser útil a los demás.
¿El misterio más grande? La muerte.
¿El peor defecto? El malhumor.
¿La persona más peligrosa? La mentirosa.
¿El sentimiento más ruin? El rencor.
¿El regalo más bello? El perdón.
¿Lo más imprescindible? El hogar.
¿La ruta más corta? El camino correcto.
¿La sensación más grata? La paz interior.
¿El resguardo más eficaz? La sonrisa.
¿El mejor remedio? El optimismo.
¿La mayor satisfacción? El deber cumplido.
¿La fuerza más potente
del mundo? La fe.
¿Las personas más necesarias? Los padres.
¿La cosa más bella de todas? ¡EL AMOR!

Madre Teresa de Calcuta.