Krishnamurti, el filósofo que rastreó la verdad dentro del alma humana

"No es preciso preocuparse acerca de la verdad, sino más bien dejar que la mente se dé cuenta de su propia prisión. La libertad no está dentro de la prisión. La belleza del vacío es libertad".

Jiddu Krishnamurti, uno de los grandes filósofos del siglo XX, nació el 12 de mayo de 1895 en un pequeño pueblo del sur de la India llamado Madanapalle.

En 1909, cuando su familia estaba instalada en Madrás, el pequeño fue adoptado por Annie Besant, la presidenta de la Sociedad Teosófica, quien estaba convencida de que Krishnamurti llegaría a ser un reconocido maestro espiritual. Tres años más tarde, el joven fue enviado a Inglaterra para recibir allí una educación acorde a las inquietudes de su madre adoptiva.

En 1929, fiel a uno de sus principios que sostenía que "la verdad es una tierra sin caminos a la que no es posible acercarse por ningún sendero, religión ni secta", tomó la impactante decisión de disolver las organizaciones formadas por sus seguidores y devolver a cada uno de ellos los bienes que le habían donado.

Aún va más allá cuando afirma: "No tengo discípulos. Cada uno de ustedes puede ser un discípulo de la verdad si comprenden que la verdad es no seguir a individuos".
Krishnamurti no basó sus principios en lecturas filosóficas ni religiosas, sino que éstos son fruto de sus propias experiencias.

Con el propósito de enseñarle a los hombres a ser psicológicamente libres como única manera de poder vivir en armonía consigo mismos, con la naturaleza y con los demás, viajó por todo el mundo dando charlas y generando múltiples debates. Además publicó más de cincuenta libros, que fueron traducidos a muchos idiomas.

La educación era otra de sus grandes preocupaciones; él decía: "No es que buscar deba llegar a su fin; más bien tiene que comenzar el aprender. Aprender es mucho más importante que encontrar". Lo importante, según su punto de vista, era que un joven, a través de su formación, fuera capaz de entender que la nacionalidad, la tradición, los dogmas y la religión son temas que sólo sirven para condicionar y generar conflictos entre los hombres y llegara a tener la suficiente amplitud de criterio como para poder dejar todo eso de lado, que es la única manera de convertirse en un ser libre.

El 18 de febrero de 1986, en California, a la edad de 90 años, fallecía este hombre que bregó para que sus contemporáneos aprendieran el valor de dos bienes supremos: la búsqueda de la verdad y de la libertad espiritual.

NOTAS BIOGRÁFICAS

Jiddu Krishnamurti (1895-1986)

“El momento en que tengas en tu corazón esa cosa extraordinaria llamada amor y sientas la profundidad, la alegría y el éxtasis que proviene de él, descubrirás que para ti el mundo se ha transformado”

  • Sus primeros años

Jiddu Krishnamurti nace en Madnapelle, una pequeña ciudad cercana a Madrás, el 12 de mayo de 1895. Fue el octavo hijo de la familia y se le puso Krishnamurti en honor al dios Krishna (quien también fuera el octavo hijo según la mitología hindú). Su padre era un funcionario público de baja jerarquía, descendiente de brahmín y su madre, una mujer caritativa y devota del dios Krishna.
El niño Krishnamurti era de naturaleza débil y en sus primeros años sufrió de ataques de malaria y convulsiones. En 1901, a sus seis años, se lo inicia en la primera etapa en la vida de un brahmin. De todos modos, en esa etapa de su vida Krishnamurti parecía un niño distraído según la mirada de los otros, se lo veía caminando sin rumbo aparente, contemplando las nubes o los insectos. Su carácter reservado y tímido lo aísla de sus compañeros de la misma edad. Por el contrario, Krishnamurti establece una relación muy unida con su hermano menor Nityananda (o Nitya) que desde pequeño demostró gran inteligencia y fue una especie de protector de su hermano mayor. Compartían muchas horas juntos y fueron inseparables compañeros.

  • Los años en la Sociedad Teosófica

A sus diez años fallece su madre y eso lo afecta profundamente. La familia se traslada entonces a Adyar, donde funcionaba una sucursal de la Sociedad Teosófica y como su padre estaba afiliado a esa organización logra ser contratado como secretario asistente en la sección esotérica. Aquí en Adyar se cerraría el círculo del destino que vincularía a Krishnamurti con la Sociedad Teosófica.
Krishnamurti tenía 14 años por entonces y conoce a un integrante influyente de dicha Sociedad que tenía la capacidad de ver el aura humana y quedó deslumbrado al ver en el joven Krishamurti una falta total de egoísmo.
Este personaje llamado Leadbeater emprendió la tarea de indagar en las vidas pasadas de Krishnamurti y descubrió que en otra vida había sido discípulo de Buda, y en otras encarnaciones llevó una vida dedicada al desarrollo espiritual y la ayuda a los seres humanos.
La Sociedad Teosófica venia buscando hace años una nueva encarnación de Maitreya, como lo hiciera en otros tiempos en el cuerpo de Krishna. Se estaban preparando para la llegada de un nuevo Mesías. Al conocer a Krishnamurti esta organización creía haber encontrado a su “instructor del mundo”, al vehículo del maestro Maitreya.
Krishnamurti y su hermano Nityananda fueron educados desde entonces por la Sociedad Teosófica. Anne Besant (directora de la sección esotérica de la organización) logra llevar a los dos hermanos a Inglaterra con la intención de educarlos e introducirlos a las costumbres occidentales y se ausentan de la India por casi diez años. En Inglaterra sufrieron  discriminación y rechazo ante cualquier intento de integración.
El alcance mundial de la Sociedad Teosófica hizo que muchas personas participaran con entusiasmo por la llegada de este nuevo Maestro. En 1911 se crea la “Orden de la Estrella de Oriente” para concentrar los recursos y atención para el nuevo “mesías”.
Por esos años Nitya enfermó de tuberculosis y ambos se establecieron en Ojai, California donde fueron invitados por el clima seco y adecuado para la enfermedad de Nitya.

  • Hacia el gran despertar espiritual de Krishnamurti

En estos años y lugar hubo acontecimientos muy importantes en la vida de Krishnamurti. En 1922 comenzó a manifestarse en Krishnamurti la energia de la kundalini, latente en el hombre y cuyo resultado final es la apertura del tercer ojo. Alternaba momentos de inconsciencia y de lucidez y sentía grandes dolores. La interpretación de los teósofos para estos hechos era que el cuerpo del discípulo estaba siendo preparado para la manifestación de un gran ser. El Maestro Maitreya necesitaba un cuerpo apto, puro y un cerebro capaz de ser el canal transmisor de sus enseñanzas.
A partir de ese momento, en 1924, a la edad de 29 años, Krishnamurti emprende una tarea que seguiría a lo largo de su vida. Comienza a dar conferencias por todo el mundo difundiendo sus enseñanzas.

  • Emancipación y libertad

Con el tiempo Krishnamurti comienza a cuestionar el valor de las enseñanzas de la Sociedad Teosófica, ya no es más un niño y le molesta que se lo convierta en un Mesias y la organización que se entabló alrededor de su rol.
Luego de la muerte su hermano y de varios desencuentros con la Sociedad Teosófica, Krishnamurti disuelve la “Orden de la Estrella” en 1929.  Un año después renunció la Sociedad Teosófica declarando que: “Mi enseñanza no es oculta ni mística, porque considero ambas cosas como limitaciones que se le ponen al hombre en su búsqueda de la Verdad”.
A partir de ese momento Krishnamurti dedicó su vida a la difusión de sus enseñanzas entre todas las personas que quisieran escucharlo y en especial, los niños.
Krishnamurti regresó a la India luego de su independencia en 1947, volvió a vestir ropa sencilla típica de su país. Luego del homicidio de Gandhi Krishnamurti remarcó que el caos y el estado de violencia del mundo era una proyección de la violencia del hombre individual, del estado de confusión en el que vive. Por eso su enseñanza se basa en la idea fundamental de revolucionar la mente humana. El cambio debe producirse en cada individuo para que las sociedades y el mundo puedan cambiar.

  • Su legado. La revolución de la mente

Quienes lo conocían o asistían a sus charlas quedaban impresionados por su estado de atención y gran sensibilidad hacia todo lo que lo rodeaba.
Señalaba que “El autoconocimiento es el comienzo de la inteligencia, la cuál es el final del miedo”.
Sus enseñanzas, que se basan fundamentalmente en el funcionamiento de la mente humana, se desarrollaron a través de conferencias y libros que recogían dichas charlas. Los encuentros que proponía con el público tendían a alentar la participación activa de la gente. Nunca se plantó frente al auditorio como un iluminado o un maestro poseedor de la verdad.
. El 17 de febrero de 1986, Krishnamurti muere en Ojai, California, a los 91 años de edad. El legado de Krishnamurti fue desafiante porque no se trata solo de divulgar sus palabras o de una lectura pasiva de sus conferencias, sino con el ejemplo de hacer de ellas una forma de vida a la que cada uno debe llegar recorriendo el propio sendero.

Fuentes:

  1. “Krishnamurti. La Revolución de la Mente”, Carlos Morrone, Ediciones Lea, Buenos Aires, 2005
  2. “Sobre el miedo”, Krishnamurti, Editorial Edaf, Madrid, 2004