Padre Ismael Quiles, el Yoga cristiano

“Del fondo de la angustia existencial surge un impulso para superar nuestras limitaciones y apoyarnos
en un Absoluto... en Dios.”


Después de Vijoyananda y su centro de la Ramakrishna Mission, y de Shivapremananda con el centro Sivananda Yoga Vedanta, el tercer protagonista de la difusión del Yoga en la Argentina es un jesuita, el padre Ismael Quiles.

Había nacido en España en 1906, llegó a la Argentina en 1932, y aquí se radicó, sintiéndose argentino por opción y convicción, hasta su muerte, a los 87 años. Se doctoró en filosofía, fue profesor de metafísica, rector de la Universidad del Salvador, conferencista en varios países de América latina y de Europa, y escritor fecundo. Sus estudios universitarios no lo prepararon directamente para que fuese un orientalista. Hasta los 54 años su producción científica, bastante extensa, fue de carácter filosófico. En 1960, bajo el auspicio de la UNESCO, viajó por primera vez a Oriente donde cumplió un extenso programa de conferencias en varias universidades de Japón, India, Taiwan, Filipinas e Indonesia. Ese mismo año se dedicó al estudio de la filosofía budista durante seis meses de estadía en Japón y al estudio del hinduismo en los tres meses que estuvo en la India. En 1962, participó como delegado del gobierno argentino en la XII Conferencia General de la UNESCO en París. En 1967 fundó la Escuela de Estudios Orientales en la Universidad del Salvador, y en 1974 el Curso Superior de Yoga, vinculado a la Escuela como extensión universitaria para preparar instructores. Su finalidad era el estudio con métodos y rigor científico de los fundamentos históricos, filosóficos, religiosos y psicológicos del Yoga y de sus técnicas. Estaba estructurado en dos años, con diez horas semanales de clases, con turnos de mañana y tarde. Se añadió, después, un tercer año de perfeccionamiento.

Validez y cuestionamiento del Yoga

Las ideas que tenía el Padre Quiles sobre el Yoga y que él puso como base de sus cursos, quedan reflejadas muy claramente en su libro Qué es el Yoga, el cual ha tenido varias ediciones.
Como punto de partida reivindica la validez del Yoga “sin duda alguna saludable para el cuerpo y para la psique, con una experiencia milenaria durante la cual ha realizado hallazgos y experiencias interesantes”. Lo valora sobre todo como liberación de todos los impedimentos que esclavizan el alma y le quitan su poder, su felicidad y su dignidad divina.

Lamenta, sin embargo, que “no pocas instituciones, bajo la etiqueta del Yoga, están explotando el esnobismo, la superficialidad y credulidad popular ofreciendo curaciones milagrosas y poderes sobrenaturales”. Para salir de esta situación el Padre Quiles volvió a los autores y textos clásicos del Yoga (Patanjali y el Gita), sacó conclusiones de las experiencias recibidas, de las visitas a los mejores centros de Yoga de la India y de los estudios científicos de los mejores orientalistas occidentales.

Yoga para los cristianos

Su finalidad principal fue la de responder a las inquietudes y objeciones de muchos católicos que consideraban el Yoga como incompatible con su fe. Por eso distinguió dos aspectos: el conjunto de técnicas psicofísicas que apuntan al equilibrio del cuerpo y el espíritu; y la doctrina filosófico-religiosa de los textos clásicos y de los principales maestros hindúes.

El primer aspecto prescinde de cualquier interferencia religiosa, y puede ser practicado por todos. Efectivamente, en su historia, el Hatha Yoga fue utilizado en varios contextos filosófico-religiosos: el samkya, el vedanta advaita y dual, el tantra y el budismo. Nada impide que pueda ser adoptado por los cristianos en armonía con su misma tradición. En realidad, no faltan en el cristianismo, técnicas y prescripciones relativas al cuerpo (posturas, respiración, dieta, ayuno entre otros). El Padre Quiles las recuerda y las cita en particular en los Ejercicios espirituales, y reconoce que el Yoga profundizó más en estas técnicas, en estrecha relación con la salud del cuerpo y la concentración mental.

En cuanto a la parte filosófico-religiosa, observa que debe ser respetada por todos los católicos, ya que el cristianismo no niega lo valioso que existe en otras culturas. Las analiza y compara con la doctrina cristiana, encuentra muchos puntos de contacto y diferencias a las que cada practicante de Yoga debería ser fiel.

Un precursor

El Padre Quiles tiene el gran mérito de haber introducido el Yoga en la universidad, especialmente en una universidad católica, demostrando que no existe oposición entre la práctica del Yoga y el cristianismo.

No sólo promovió el estudio de los textos del Yoga clásico y del hinduismo, sino que también envió alumnos a estudiar en centros de Yoga de la India y abrió las puertas de la universidad a los Swami Chidananda, Shivapremananda y al doctor Garothe de la Escuela de Lonavla. Quería preservar siempre dos cosas: la severidad científica y la sinceridad religiosa, aunque fuese distinta de la suya. Actualmente, además del “Curso Superior de Yoga”, existe en la Licenciatura de la Escuela de Estudios Orientales, una expertura en Yoga.
Es imposible encerrar en una breve nota una personalidad tan poliédrica como la del Padre Quiles. Fue uno de los filósofos más destacados de los últimos cuarenta años, pero el aspecto que más lo distingue fue el aporte decisivo que dio al diálogo entre Oriente y Occidente, entre el cristianismo y las otras religiones. Si pensamos que comenzó a trabajar en este sector hace más de treinta años, fue un precursor y, como todos los precursores, no siempre fue bien entendido.
Entre sus más de cincuenta obras merecen ser recordadas por su relación con el Yoga “El hombre y la evolución según Aurobindo y Teilhard” y ”Cómo ser sí mismo”. Por último el libro “Filosofía budista” (525 páginas, III Edición, 1997).

Walter Gardini