B.K.S. Iyengar, maestro de yoga y creador de un sistema propio seguido por alumnos del mundo entero

“Cuando practico, soy filósofo,
cuando enseño, soy científico,
cuando demuestro, soy artista”
B.K.S. Iyengar


Bellur Krishnamachar Sundararaja Iyengar nació el 14 de diciembre de 1918. Su padre, Sri Krishnamachar, era maestro de escuela. Sundararaja fue un niño que no gozó de buena salud durante su infancia, victima de malaria, tifus y tuberculosis en una época en que los antibióticos no existían. A los dieciséis años comenzó a practicar Yoga con el marido de su hermana mayor, Sri T. Krishnamacharya, hombre de gran fortaleza física, talentoso y culto. A Krishnamacharya se lo reconoce como el “gran maestro de maestros del siglo XX”, ya que fueron también discípulos suyos Patabi Jois (creador del Ashtanga Yoga), Desikachar (uno de sus hijos) y nuestra querida Mataji Indra Devi.
A lo largo de los años, B.K.S. Iyengar también empezó a ser reconocido como profesor de Yoga. Enseñó a reconocidas personalidades de su época como Krishnamurti, entre otros.

Un encuentro casual con el maestro de violín Yehudi Menuhin, en 1952, fue decisivo para introducirlo en Occidente, donde se lo empezó a conocer como Mister Iyengar. Menuhin era un alumno entusiasta y, año tras año, su maestro tuvo que viajar al extranjero para enseñarle a él y a su familia. Muchas más personas se unieron a estas sesiones y, poco a poco, un gran número de occidentales se convirtieron en sus alumnos, quienes esperaban con fervor que regresara un año más tarde. Menuhin, como sus demás alumnos, continuó la práctica y reconoció a Iyengar como su “mejor profesor de violín”.

Los practicantes de Yoga que seguían su enseñanza crecieron en número, porque eran muchos los que querían acercarse y aprender directamente de él. Esto llegó a ser inabarcable y alumnos aventajados de Iyengar asumieron la enseñanza en sus respectivos países.

Su libro “Light on Yoga” (Luz sobre el Yoga) se publicó por primera vez en 1966. Este texto resultó ser una obra muy completa sobre el tema y llegó a todos los rincones del planeta, consiguiendo gran repercusión. Aun hoy sigue reeditándose y se ha traducido a dieciocho lenguas de todo el mundo. A este libro le siguieron otros más que abarcaron los diversos aspectos del yoga.

Los practicantes comenzaron a llamar a su sistema “Yoga Iyengar” para diferenciar sus enseñanzas de las de otros maestros. Poco a poco, el “Yoga Iyengar” se expandió por innumerables países, siendo practicado tanto por jóvenes como por adultos mayores.

A pesar de su avanzada edad, el maestro continúa enseñando periódicamente, guiando a sus alumnos y a sus alumnos-profesores en clases masivas que dirige en diferentes lugares del mundo. En 1998, cuando cumplió 80 años, dio un curso a ochocientos alumnos durante una semana. Y en el año 2000, dirigió un curso especial para profesores especialistas de “Yoga Iyengar” de casi cuarenta países.

Hasta el día de hoy, este maestro nunca deja de realizar su práctica diaria.

“El sisya (discípulo) debe poseer, por encima de todo tesoro, moderación y humildad. El amor engendra valor, la moderación crea abundancia y la humildad genera poder. Valor sin amor es brutalidad. Abundancia sin moderación conduce a la excesiva autoindulgencia y a la degeneración. El poder sin humildad da origen a la arrogancia y la tiranía. El auténtico sisya aprende de su gurú (maestro) un poder que ya no le abandonará nunca más, pues está regresando al Uno Original, a la Fuente de su Ser.”

Extraído de su libro “Yoga cien por cien”, Editorial Miguel Arimany.